Ostadarra Holistika

LA SOLEDAD

Y de repente la vida te da a entender que no le importas a nadie, te sientes más solx que la una y tu mente no te ayuda demasiado, regodeándote en la más absoluta de las miserias.

Un día cualquiera caminas por la calle y ves a parejas cogidas de la mano, niñxs jugando y un grupo de amigxs debatiendo alegremente sobre la vida. Y te sientes fatal, porque te crees tan mierda, que no te valoras como para que alguien se acerque a intercambiar unas palabras contigo. Y entras en casa y la misma rutina de siempre: el eco de tus pasos al atravesar el pasillo, la misma cena de todos los días; enciendes la tele y te sientes tan jodidamente desesperadx que lo que ves en la pantalla te sumerge aún más en el agujero. Y hartx de todo te pones a gritar, cada vez te sientes más agobiadx, los gritos se convierten en sollozos y lo único que se te pasa por la cabeza es abrir la puerta del balcón y tirarte. 6 pisos de caída libre, hasta que tu cuerpo quede hecho una porrusalda, incrustado contra el suelo.

Pero no te tiras. Quedas sujetx a la barandilla y un gorrioncillo posa sus patitas cerca de ti y girando su cabecita, pía de vez en cuando animándote, invitándote a disfrutar de la tarde tan maravillosa que hace; como si te estuviera diciendo, que te llevaría volando a dar una vuelta pero que pesas demasiado para él. Y te quedas llorando en el balcón, hasta que el sopor te lleva en volandas hasta el más profundo de los sueños. Te despiertas de madrugada, la calle está tranquila, el silencio lo ocupa todo, te levantas y te vas a la cama.

Como cuando pasa la tormenta a la mañana siguiente te sientes renovadx, como si las lágrimas de ayer se lo hubieran llevado todo a no sé dónde. Y hoy te sientes más animadx, con otro aire y algo menos pesimista. Vas a trabajar, afrontas un nuevo día desde otra perspectiva y comienzas a contemplar la posibilidad de que te tienes a ti mismx. Empiezas a valorarte, a tratarte mejor; dejas de gritarte, de pegarte y de minusvalorarte. Se te pasa por la cabeza una brizna de solución y te animas a ponerla en marcha. Después de trabajar, te pones unas zapatillas y sales a dar un paseo. Una buena ducha y una señorial cena, ponen una alfombra roja para que vayas a ver la película de las sábanas blancas. A dormir, vamos.

La soledad puede suponer el mayor de los infiernos o puede ser una magnífica oportunidad para estar contigo. Llegar a estar en paz en las profundas aguas del ostracismo, es todo un arte pero al lograrlo, es cuando realmente descubres el lujazo de haber encontrado el secreto de la vida: que estar en paz contigo, es lo que te lanza a conseguir todo lo que te propongas.